Lo recuerdo perfectamente, aunque no puedo decir la fecha exacta, ni siquiera el año. En eso era mejor mi padre. Eso sí, estoy seguro de que era sábado. El día antes del tercer domingo de marzo. O lo que es lo mismo (teniendo en cuenta que hablo de hace unos años en Aragón): el día antes de la desveda. Como todos los años en la misma fecha, a última hora, estábamos los dos frente al mapa del folleto de pesca con los diferentes tramos de pesca. Ir al Pirineo nos parecía demasiado aventurado: aguas frías, a saber con qué caudal, y truchas paradas. No, no solíamos ir a nuestro querido valle de Benasque. El de la desveda, como día mágico que era, lo reservábamos para ampliar nuestros horizontes diriguiéndonos a nuevos destinos de clima algo más benévolo y ríos de régimen menos nival.
Aquel año logré convencerle para probar suerte en un tramo libre sin muerte del río Guadalope situado a la cola de un enorme embalse. Me costó ganar la batalla, porque como pescador no mosquero, mi padre era reticente a tener que andar tentando pintonas con una ristra de moscas atadas a una boya de plástico. Pero la esperanza de una buena población de truchas, por aquello de tratarse de un sin muerte y que la medida mínima establecida para ese río fuera de 30 cm pudo más que sus reticencias y allí pusimos rumbo a la mañana siguiente.
Sin embargo nuestra suerte allí no fue tan buena como esperábamos. Toda la mañana nos pegamos él paseando la boya corriente arriba y abajo y yo vareando de acá para allá con igual resultado: ni una sola picada. Tampoco el entorno era tan idílico como para compensar el viaje hasta allí pese al bolo. Por eso volvimos con gran abatimiento al coche a la hora acordada para el tentempié. Pero en ese momento sí nos sonrió la suerte. Un par de jóvenes mosqueros se acercaron a preguntar qué tal nos había ido la jornada y cuando al saberlo nos propusieron que les acompañásemos a un rincón aguas arriba. Ellos nos guiaron al paraíso.
A aquel rincón del mundo, que nosotros conocíamos como "fin del mundo", se accedía salvando un desfiladero a través del río. Tiempo después sentí la misma sensación que cuando lo crucé al ver en el cine a unos personajes navegando por un río entre dos colosales estatuas que marcaban los límites de un reino mítico. Aquel rincón aislado rebosaba vida. Vida que pugnaba por recuperarse del gran incendio que había asolado el Maestrazgo unos años antes. Vida nutrida por aquel río de aguas cristalinas que cantaba al saltar entre las piedras y albergaba truchas que de vez en cuando sucumbían a nuestros engaños.
Desde aquel año ya no hubo nuevos destinos el día de la apertura. Todas las temporadas empezaban donde acaba el mundo. La ampliación de horizontes se redujo a explorar nuevos rincones, río arriba o río abajo de aquel desfiladero mágico. Pero aquello se truncó. Una gran barrera totalmente insalvable apareció en nuestros destinos y desde entonces impide nuestra vuelta juntos a ese paraje. Quizá fue una premonición que el año antes, en nuestra última visita, encontrásemos aquel dique que cortaba el río y limitaba el flujo de vida a través del mismo.
No hemos vuelto juntos, pero tampoco he vuelto solo. Por lo que sé aquel libre sin muerte que nos atrajo hacia él ha desaparecido ahogado por un nuevo embalse. Quizá el único punto positivo de esto es que con el tramo se ahogó el salto de agua, de aprovechamiento hidroeléctico, que marcaba el límite superior del tramo. Esto hace inservible la barrera del río, pues su cometido era desviar las aguas del río hacia aquel salto ahora inutilizado. Eso sirve de argumento a AEMS-Ríos con Vida para solicitar su demolición. Si esa demolición se hace efectiva, el fin del mundo será más paradisíaco. Desde hace más de 5 años ya no tengo la esperanza de encontrarme a mi padre al rebasar el siguiente recodo de un río. Pero ahora tengo la esperanza de no volver a encontrarme aquel muro que sesga la vida si decido regresar a aquel rincón que para nosotros fue mítico. Descubrir el aspecto del paraíso restaurado bien merece una nueva visita al fin del mundo.
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sábado, 18 de enero de 2014
sábado, 11 de enero de 2014
Capturas y suelta: la correcta manipulación del pez
La captura y suelta es un tema que ha aparecido de manera recurrente en este blog (entradas sobre C&S). Por eso me permito conpartir con vosotros el compendio de buenas prácticas a la hora de manipular el pez para minimizar los daños sufridos y ayudar a la supervivencia del pez una vez que vuelve al agua.
Solamente me atevo a añadir un enlace, que en realidad es la traducción al español de una página enlazada por Ferrán: http://pescadebuenrollo.blogspot.com.es/2014/01/truchas-agonizando-para-obtener-una.html
viernes, 20 de diciembre de 2013
Ensayo sobre la ceguera
No, con este título no quiero ponerme a la altura del gran escritor portugués que fue José Saramago. Simplemente quiero exponer un ejemplo de la ceguera que muestra, quizá en demasiadas ocasiones, la administración cuando de proteger el medio natural (y los ríos en particular) se trata y que va mucho más allá de la "hidromiopía" de la que hablaba hace un tiempo el amigo Ferrán.
Ayer estuve en la mesa-debate organizada por el Consejo de Protección de la Naturaleza de Aragón sobre las actuaciones en cauces y sus repercusiones. Mi valoración general es positiva, pues aunque no se llegara a ninguna conclusión global (las posturas de inicio eran demasiado alejadas) sí hubo algún acercamiento y además soy de los que piensan que de vez en cuando hay que escuchar a quien opina "lo contrario" que tú.
La gestión de las inundaciones del tramo medio del río Ebro (dragados, motas, etc) capitalizó gran parte del debate. Bastante más de lo que me habría gustado, sobre todo teniendo en cuenta las atrocidades que se han hecho últimamente en las cabeceras de algunos ríos pirenaicos. Pero estábamos en Zaragoza, y siendo uno de los ponentes el alcalde de un pueblo ribereño de esta zona (Novillas), se comprende este protagonismo. Se recurrió hasta la saciedad a la protección del "pan" de los agricultores de esta zona como justificación de las intervenciones. Y hubo unanimidad en cuanto a la necesidad de proteger los núcleos urbanos. Pero no se habló de las obras injustificables (al menos con estos argumentos) en cabecera.
Por eso aproveché en cuanto tuve la ocasión para llamar la atención de los ponentes sobre una fotografía que Alfredo Ollero (profesor de la UZ y presidente del CIREF) había mostrado en su presentación. Era una foto similar a la que veis encima de estas líneas. Como ella, es de Dani Mora y refleja cómo han dejado el Ésera en los Llanos del Hospital de Benasque (podéis ver más en su blog METEOBENÁS, que es altamente recomendable). Por un lado pregunté a Lorenzo Polanco (jefe del área de gestión medioambiental de la CHE) a quién o a qué protegía esa intervención DENTRO DE UN ESPACIO NATURAL PROTEGIDO (el Parque Natural Posets-Maladeta, que hace no mucho querían convertir en Parque Nacional). Por otro lado, pregunté a Oscar Fayanás (del Instituto Aragonés de Gestión Ambiental, Departamento de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente) qué opinaba el INAGA sobre que entren excavadoras a destrozar un río, de nuevo, DENTRO DE UN ESPACIO NATURAL PROTEGIDO.
La pregunta fue un alivio para el Sr. Polanco, ya que según indicó, esa intervención en concreto no es obra de la CHE, parece ser que la hicieron "los de carreteras". Pero lo que me dejó de piedra fue la respuesta del representante del INAGA. Ni corto ni perezoso indicó que era la primera noticia que tenía sobre la actuación. La mala gestión del tiempo que hizo el moderador del acto, que dio paso a las preguntas del público 3 minutos antes del cierre del lugar de celebración, impidió que ahondase en el tema. Además tenía prisa y no pude quedarme a comentar esto en petit comité, pero aprovecho este altavoz que es internet para lanzarlas al viento. ¿No hay un guarda en el parque que informara de esa atrocidad? ¿Han realizado la intervención sin autorización? ¿Actuará ahora de oficio la administración para depurar responsabilidades o tendrá que ir un particular o asociación externos a denunciar para que hagan su trabajo? ¿Se castigará a los responsables? Y la más importante ¿se restaurará el entorno destruido?
Ayer estuve en la mesa-debate organizada por el Consejo de Protección de la Naturaleza de Aragón sobre las actuaciones en cauces y sus repercusiones. Mi valoración general es positiva, pues aunque no se llegara a ninguna conclusión global (las posturas de inicio eran demasiado alejadas) sí hubo algún acercamiento y además soy de los que piensan que de vez en cuando hay que escuchar a quien opina "lo contrario" que tú.
La gestión de las inundaciones del tramo medio del río Ebro (dragados, motas, etc) capitalizó gran parte del debate. Bastante más de lo que me habría gustado, sobre todo teniendo en cuenta las atrocidades que se han hecho últimamente en las cabeceras de algunos ríos pirenaicos. Pero estábamos en Zaragoza, y siendo uno de los ponentes el alcalde de un pueblo ribereño de esta zona (Novillas), se comprende este protagonismo. Se recurrió hasta la saciedad a la protección del "pan" de los agricultores de esta zona como justificación de las intervenciones. Y hubo unanimidad en cuanto a la necesidad de proteger los núcleos urbanos. Pero no se habló de las obras injustificables (al menos con estos argumentos) en cabecera.
Por eso aproveché en cuanto tuve la ocasión para llamar la atención de los ponentes sobre una fotografía que Alfredo Ollero (profesor de la UZ y presidente del CIREF) había mostrado en su presentación. Era una foto similar a la que veis encima de estas líneas. Como ella, es de Dani Mora y refleja cómo han dejado el Ésera en los Llanos del Hospital de Benasque (podéis ver más en su blog METEOBENÁS, que es altamente recomendable). Por un lado pregunté a Lorenzo Polanco (jefe del área de gestión medioambiental de la CHE) a quién o a qué protegía esa intervención DENTRO DE UN ESPACIO NATURAL PROTEGIDO (el Parque Natural Posets-Maladeta, que hace no mucho querían convertir en Parque Nacional). Por otro lado, pregunté a Oscar Fayanás (del Instituto Aragonés de Gestión Ambiental, Departamento de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente) qué opinaba el INAGA sobre que entren excavadoras a destrozar un río, de nuevo, DENTRO DE UN ESPACIO NATURAL PROTEGIDO.
La pregunta fue un alivio para el Sr. Polanco, ya que según indicó, esa intervención en concreto no es obra de la CHE, parece ser que la hicieron "los de carreteras". Pero lo que me dejó de piedra fue la respuesta del representante del INAGA. Ni corto ni perezoso indicó que era la primera noticia que tenía sobre la actuación. La mala gestión del tiempo que hizo el moderador del acto, que dio paso a las preguntas del público 3 minutos antes del cierre del lugar de celebración, impidió que ahondase en el tema. Además tenía prisa y no pude quedarme a comentar esto en petit comité, pero aprovecho este altavoz que es internet para lanzarlas al viento. ¿No hay un guarda en el parque que informara de esa atrocidad? ¿Han realizado la intervención sin autorización? ¿Actuará ahora de oficio la administración para depurar responsabilidades o tendrá que ir un particular o asociación externos a denunciar para que hagan su trabajo? ¿Se castigará a los responsables? Y la más importante ¿se restaurará el entorno destruido?
lunes, 9 de diciembre de 2013
Ésera ¿vivo?
Este puente he tenido la suerte de poder escaparme a mi refugio en los Pirineos. No practico el esquí, pero sí lo hice y por eso, aunque ahora no me llame como lo solía hacer, comprendo por qué otros lo hacen. Ha sido más bien una escapada para disfrutar de la tranquilidad, de ese placer que otorga el disfrutar de la frágil calidez del sol invernal mientras se observan las cumbres nevadas.
Como he comentado alguna que otra vez siempre necesito asomarme al río si lo tengo cerca. Incluso fuera de temporada, sin caña en la mano, adoro observar el agua fluir, ver los reflejos que ésta nos regala e intentar adivinar a sus habitantes. Este último punto cobra especial relevancia en esta época, pues no es descabellado esperar encontrar a las pintonas afanadas en perpetuar su especie. Y esta vez he tenido la suerte de disfrutar ese espectáculo.
Quiero pedir disculpas por la calidad de las imágenes. Cuando caí en la cuenta de las fechas en las que estamos ya estaba allá en Benasque y había olvidado coger la cámara de fotos, así que he tenido que tomarlas con el móvil. Y eso se nota. Pero el grueso de mis lectores sois pescadores, supongo que tendréis el ojo más o menos entrenado y si encima os doy pistas no tendréis demasiadas dificultades en "adivinar" a nuestras amigas. En el centro de la fotografía superior, a la izquierda y ligeramente abajo de la roca blanca de la orilla, se aprecia una sombra alargada, vertical. Espero que me creáis cuando os digo que eran dos truchas puestas frezando. La segunda foto servirá para convencer a algún incrédulo. La sombra vertical se ha reducido y ha aparecido una casi horizontal a su izquierda. Pues bien, la que quedó en su sitio era la hembra preparando el nido, mientras que la horizontal era el macho en una de sus cortas ausencias del nido para espantar a otros machos rivales.
Ciertamente esto es un espectáculo digno de ver por cualquier persona, sea pescador o no. Por ejemplo yo iba acompañado de Laura y según me dice le encantó poder ser testigo del mismo. Además, no sólo pudimos ver a esta pareja, eran numerosas las descubrimos desde nuestro observatorio. Ni que decir tiene que la actividad entre la freza propiamente dicha y las escaramuzas entre machos era incesante. Da gusto ver al río así de vivo y trabajando por su futuro.
Por eso la rabia es mayor cuando uno ve, con un simple giro de cuello, una excavadora aparcada en la misma orilla del cauce. Visto en qué han convertido al mismo río a escasos kilómetros de allí uno teme lo peor para el futuro de esas truchas que ahora frezan y de los huevos que tanto esfuerzo les ha costado poner. Y el destrozo morfológico no es la peor agresión que sufre este río. Es una lástima que todavía no se pueda transmitir el olor por internet, porque no tengo palabras para describir el hedor que las aguas exhalan en el punto desde el que tomé esta última fotografía.
No hay que ser demasiado observador para encontrar el origen de ese olor y del color del agua allí. Unos metros aguas abajo de la Villa de Benasque el Ésera recibe un importante aporte de aguas fecales. Luego a muchos políticos se les llenará la boca con el término "desarrollo sostenible", pero aquí la sostenibilidad se la han olvidado.
El esquí supone una gran oportunidad de desarrollo para las zonas de montaña, pero hay mucho trabajo por hacer para que este desarrollo sea realmente sostenible. Las pistas de esquí son grandes superficies con escasa vegetación que frene la erosión, con lo que el aporte de sedimentos a los ríos es mayor. Para asegurar la disponibilidad de agua para innivar con cañones se hace necesaria la construcción de pequeños embalses que no ayudan demasiado a los cursos fluviales. Tampoco lo hace la contaminación por sal que se lleva a cabo para garantizar el acceso de los esquiadores a las estaciones. Esquiadores que multiplican la población de los nucleos urbanos colapsando, en el caso de que existan, las depuradoras. Muchos de ellos compran una segunda vivienda en los valles, contribuyendo a la presión urbanística hacia la llanura de inundación, que lleva a que los cauces se vean reducidos a canales constreñidos entre muros para proteger estas edificaciones del río. Muros otras labores de contención extremadamente caras y que los testarudos ríos se han encargado una y mil veces en demostrar inútiles.
Deseo que la gente siga disfrutando de la nieve, y que este disfrute redunde en un progreso económico para los habitantes de las montañas, pero creo que es necesario que esta actividad se lleve acabo de una manera mucho más responsable, reduciendo al máximo los impactos generados y aplicando las medidas correctoras necesarias. Sólo así podremos seguir disfrutando de todo lo que la naturaleza nos da. Incluidos unos ríos vivos.
Como he comentado alguna que otra vez siempre necesito asomarme al río si lo tengo cerca. Incluso fuera de temporada, sin caña en la mano, adoro observar el agua fluir, ver los reflejos que ésta nos regala e intentar adivinar a sus habitantes. Este último punto cobra especial relevancia en esta época, pues no es descabellado esperar encontrar a las pintonas afanadas en perpetuar su especie. Y esta vez he tenido la suerte de disfrutar ese espectáculo.
Quiero pedir disculpas por la calidad de las imágenes. Cuando caí en la cuenta de las fechas en las que estamos ya estaba allá en Benasque y había olvidado coger la cámara de fotos, así que he tenido que tomarlas con el móvil. Y eso se nota. Pero el grueso de mis lectores sois pescadores, supongo que tendréis el ojo más o menos entrenado y si encima os doy pistas no tendréis demasiadas dificultades en "adivinar" a nuestras amigas. En el centro de la fotografía superior, a la izquierda y ligeramente abajo de la roca blanca de la orilla, se aprecia una sombra alargada, vertical. Espero que me creáis cuando os digo que eran dos truchas puestas frezando. La segunda foto servirá para convencer a algún incrédulo. La sombra vertical se ha reducido y ha aparecido una casi horizontal a su izquierda. Pues bien, la que quedó en su sitio era la hembra preparando el nido, mientras que la horizontal era el macho en una de sus cortas ausencias del nido para espantar a otros machos rivales.
Ciertamente esto es un espectáculo digno de ver por cualquier persona, sea pescador o no. Por ejemplo yo iba acompañado de Laura y según me dice le encantó poder ser testigo del mismo. Además, no sólo pudimos ver a esta pareja, eran numerosas las descubrimos desde nuestro observatorio. Ni que decir tiene que la actividad entre la freza propiamente dicha y las escaramuzas entre machos era incesante. Da gusto ver al río así de vivo y trabajando por su futuro.
Por eso la rabia es mayor cuando uno ve, con un simple giro de cuello, una excavadora aparcada en la misma orilla del cauce. Visto en qué han convertido al mismo río a escasos kilómetros de allí uno teme lo peor para el futuro de esas truchas que ahora frezan y de los huevos que tanto esfuerzo les ha costado poner. Y el destrozo morfológico no es la peor agresión que sufre este río. Es una lástima que todavía no se pueda transmitir el olor por internet, porque no tengo palabras para describir el hedor que las aguas exhalan en el punto desde el que tomé esta última fotografía.
No hay que ser demasiado observador para encontrar el origen de ese olor y del color del agua allí. Unos metros aguas abajo de la Villa de Benasque el Ésera recibe un importante aporte de aguas fecales. Luego a muchos políticos se les llenará la boca con el término "desarrollo sostenible", pero aquí la sostenibilidad se la han olvidado.
El esquí supone una gran oportunidad de desarrollo para las zonas de montaña, pero hay mucho trabajo por hacer para que este desarrollo sea realmente sostenible. Las pistas de esquí son grandes superficies con escasa vegetación que frene la erosión, con lo que el aporte de sedimentos a los ríos es mayor. Para asegurar la disponibilidad de agua para innivar con cañones se hace necesaria la construcción de pequeños embalses que no ayudan demasiado a los cursos fluviales. Tampoco lo hace la contaminación por sal que se lleva a cabo para garantizar el acceso de los esquiadores a las estaciones. Esquiadores que multiplican la población de los nucleos urbanos colapsando, en el caso de que existan, las depuradoras. Muchos de ellos compran una segunda vivienda en los valles, contribuyendo a la presión urbanística hacia la llanura de inundación, que lleva a que los cauces se vean reducidos a canales constreñidos entre muros para proteger estas edificaciones del río. Muros otras labores de contención extremadamente caras y que los testarudos ríos se han encargado una y mil veces en demostrar inútiles.
Deseo que la gente siga disfrutando de la nieve, y que este disfrute redunde en un progreso económico para los habitantes de las montañas, pero creo que es necesario que esta actividad se lleve acabo de una manera mucho más responsable, reduciendo al máximo los impactos generados y aplicando las medidas correctoras necesarias. Sólo así podremos seguir disfrutando de todo lo que la naturaleza nos da. Incluidos unos ríos vivos.
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domingo, 10 de noviembre de 2013
Dolores
Los peces sienten dolor y estrés cuando son pescados. Está científicamente probado, y soy completamente consciente de ello, como demuestra la reflexión de mi última entrada, cuando intenté ponerme en la piel de los barbos que pesco. Pero al mismo tiempo soy un practicante convencido del captura y suelta. Incluso he creado una campaña para pedir que no se modifique la normativa de pesca permitiéndose sacrificar las truchas de algunos ibones del PN Posets-Maladeta.
La pesca es un veneno que recorre mis venas. Una adicción por acercarme a la naturaleza, a una masa de agua y, una vez allí, localizar los peces, acecharlos y presentarles un engaño para poder pescarlos. Muchos, sobre todos los no-pescadores que lean esto, pensarán que esto es un ejercicio de sadismo. Pero yo no busco el sufrimiento del pez, todo lo contrario. Es un efecto secundario que intento minimizar todo lo posible (evitarlo es imposible) acortando la pelea con el pez, usando anzuelos sin muerte que causan menos lesiones y manipulando lo mínimo al pez. Sé que alguno habrá que no sobreviva al trance. Quizá no en el momento, sino un día, una semana, un mes después, las secuelas de nuestro encuentro podrán con ellos. Pero sinceramente estoy convencido que son los menos, seguramente ejemplares que ya tendrían algún tipo de debilidad previa, y la mayoría se recuperan satisfactoriamente. Incluso he llegado a pescar al mismo ejemplar en dos jornadas distintas.
Los movimientos por el bienestar animal no encuentran demasiadas diferencias entre nuestra actividad, la pesca (a mosca) "sin muerte", y otras como la tauromaquia y las peleas de gallos. Por eso quizá esta modalidad de pesca está prohibida en algunos países, como Alemania y Suiza. Allí sólo justifican el dolor del pez si éste tiene lugar para su posterior consumo y por ello obligan al sacrificio de todo pez pescado. A mí, como pescador conservacionista esto me parece una aberración. Primero por reducir a la pesca a una simple forma de conseguir alimento. Y segundo por el impacto que esta medida puede tener sobre las poblaciones de peces (y creo que se ha demostrado que el captura y suelta es la mejor modalidad de gestión para su conservación)
Muchas veces el dolor del pez me provoca remordimientos, pero estos se ven mitigados por la esperanza de que el pez que veo alejarse de mí tiene bastantes posibilidades de sobrevivir y reproducirse, perpetuando su especie. Desde luego esos remordimientos no son comparables a los que sentía cuando una trucha dejaba de retorcerse en mi mano, cuando la veía después dentro de la cesta o, finalmente, en la encimera de la cocina. Y si hablamos de dolor, os diré que siento una punzada en el alma cada vez que veo un río cortocircuitado y desangrado por infinidad de azudes y canales, envenenado por la polución o esquilmado por ciertas modalidades de pesca.
Si los remordimientos que me produce la pesca los combato liberando a los peces y dándoles un trato lo más respetuoso posible, los que me provoca el ser miembro de esta sociedad que mata a sus ríos los intento minimizar reduciendo mis propias agresiones hacia ellos y aportando mi granito de arena en una asociación que trabaja para que otras agresiones sean castigadas y dejen de producirse: AEMS - Ríos con Vida
- ¿Sienten dolor los peces? L. Cardona Pascual, blog de Investigación y Ciencia
- El grito del pez Jacques, blog A pelo y pluma .
- El dolor de los peces y Efectos del ejercicio de la pesca en el bienestar del pez J.L. Pérez Bote. Revista AEMS - Ríos con Vida 86 (p. 15-16) y 87 (p. 13-15), descargables en la página de la asociación http://riosconvida.es/
La pesca es un veneno que recorre mis venas. Una adicción por acercarme a la naturaleza, a una masa de agua y, una vez allí, localizar los peces, acecharlos y presentarles un engaño para poder pescarlos. Muchos, sobre todos los no-pescadores que lean esto, pensarán que esto es un ejercicio de sadismo. Pero yo no busco el sufrimiento del pez, todo lo contrario. Es un efecto secundario que intento minimizar todo lo posible (evitarlo es imposible) acortando la pelea con el pez, usando anzuelos sin muerte que causan menos lesiones y manipulando lo mínimo al pez. Sé que alguno habrá que no sobreviva al trance. Quizá no en el momento, sino un día, una semana, un mes después, las secuelas de nuestro encuentro podrán con ellos. Pero sinceramente estoy convencido que son los menos, seguramente ejemplares que ya tendrían algún tipo de debilidad previa, y la mayoría se recuperan satisfactoriamente. Incluso he llegado a pescar al mismo ejemplar en dos jornadas distintas.
Los movimientos por el bienestar animal no encuentran demasiadas diferencias entre nuestra actividad, la pesca (a mosca) "sin muerte", y otras como la tauromaquia y las peleas de gallos. Por eso quizá esta modalidad de pesca está prohibida en algunos países, como Alemania y Suiza. Allí sólo justifican el dolor del pez si éste tiene lugar para su posterior consumo y por ello obligan al sacrificio de todo pez pescado. A mí, como pescador conservacionista esto me parece una aberración. Primero por reducir a la pesca a una simple forma de conseguir alimento. Y segundo por el impacto que esta medida puede tener sobre las poblaciones de peces (y creo que se ha demostrado que el captura y suelta es la mejor modalidad de gestión para su conservación)
Muchas veces el dolor del pez me provoca remordimientos, pero estos se ven mitigados por la esperanza de que el pez que veo alejarse de mí tiene bastantes posibilidades de sobrevivir y reproducirse, perpetuando su especie. Desde luego esos remordimientos no son comparables a los que sentía cuando una trucha dejaba de retorcerse en mi mano, cuando la veía después dentro de la cesta o, finalmente, en la encimera de la cocina. Y si hablamos de dolor, os diré que siento una punzada en el alma cada vez que veo un río cortocircuitado y desangrado por infinidad de azudes y canales, envenenado por la polución o esquilmado por ciertas modalidades de pesca.
Si los remordimientos que me produce la pesca los combato liberando a los peces y dándoles un trato lo más respetuoso posible, los que me provoca el ser miembro de esta sociedad que mata a sus ríos los intento minimizar reduciendo mis propias agresiones hacia ellos y aportando mi granito de arena en una asociación que trabaja para que otras agresiones sean castigadas y dejen de producirse: AEMS - Ríos con Vida
- ¿Sienten dolor los peces? L. Cardona Pascual, blog de Investigación y Ciencia
- El grito del pez Jacques, blog A pelo y pluma .
- El dolor de los peces y Efectos del ejercicio de la pesca en el bienestar del pez J.L. Pérez Bote. Revista AEMS - Ríos con Vida 86 (p. 15-16) y 87 (p. 13-15), descargables en la página de la asociación http://riosconvida.es/
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jueves, 31 de octubre de 2013
Por ellas...
... por las truchas que viven en los ibones de Sen, de Bagüeña, Grande de Batisielles y el Embalse de Llauset. Esas a las que pretenden poner en la picota permitiendo cesando el régimen de captura y suelta en las aguas en las que viven, a pesar de estar dentro de un Parque Natural.
Después del puñetazo en la mesa propio de la primera reacción al recibir estas noticias (me refiero a esta entrada mía del otro día), y alentado por vuestros comentarios en este blog, me he decidido a lanzar una recogida de firmas para pedirle al Sr. Consejero de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente de Aragón que no permita este cambio. Porque el mejor sitio donde pueden estar esas truchas es en esos ibones.
Si pensáis igual que yo y queréis poner vuestro grano de arena para intentar concienciar el consejero y salvar esas truchas, podéis firmar AQUÍ
Mi agradecimiento de antemano, seguro que las truchas os lo agradecerán también. Un saludo
Después del puñetazo en la mesa propio de la primera reacción al recibir estas noticias (me refiero a esta entrada mía del otro día), y alentado por vuestros comentarios en este blog, me he decidido a lanzar una recogida de firmas para pedirle al Sr. Consejero de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente de Aragón que no permita este cambio. Porque el mejor sitio donde pueden estar esas truchas es en esos ibones.
Si pensáis igual que yo y queréis poner vuestro grano de arena para intentar concienciar el consejero y salvar esas truchas, podéis firmar AQUÍ
Mi agradecimiento de antemano, seguro que las truchas os lo agradecerán también. Un saludo
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martes, 29 de octubre de 2013
Sombras
Cuando Alfonso me lo dijo no lo podía creer. ¿Cómo iban a permitir matar truchas en las aguas de unos ibones incluidos en un Parque Natural? Con más razón teniendo en cuenta que se pretendía cambiar la figura de protección a la de Parque Nacional. Al final me lo creí, más que nada por venir tan malas noticias de quien venían. Eso sí, aún quedaba la esperanza de que alguien pusiera un poco de cordura y el Departamento de Agricultura, Ganadería y Medioambiente desestimaría la propuesta de la Federación Aragonesa de Pesca y Casting. Pero no, se ve que no fue así.
Hoy se ha publicado el borrador del Plan General de Pesca de Aragón para el año 2014 y lo deja bien claro. El artículo 6 establece medida mínima (25 cm) para las truchas pescadas en los ibones de Sen, Bagüeña, Grande de Batisielles y embalse de Llauset. Hasta este año, y desde hace varios, venían siendo de captura y suelta. El de Bagüeña además, hasta hace 2012, vanía siendo vedado a causa de las atrocidades cometidas por ciertos furtivos del lugar. Ahora son esos furtivos, a través de su sociedad de pescadores y ésta a través de la Federación, los que han decidido, con el beneplácito del Gobierno de Aragón, que se puedan matar truchas en estos lugares. Un gran paso atrás que hace cernirse una alargada sombra sobre estos preciosos rincones del Pirineo y sobre sus truchas.
Pero no es el único paso atrás. El el plan general del 2012 ya se dio un paso atrás en lo que a la conservación del barbo se refiere. Y es que mientras en 2011 se declaró la obligatoriedad de devolver con vida todos los ejemplares de barbo de Graells y de barbo culiroyo, en 2012 y de nuevo a propuesta de la federación, se pasó a permitir el sacrificio de 3 ejemplares de barbo de Graells por pescador y día en determinados tramos de la provincia de Huesca en los que se supone que convive con la trucha. Como supondréis ésto no cambió para este año ni parece que vaya a cambiar para el que viene. Será porque piensan que la mayor agresión hacia las truchas las cometen los barbos. En fin, como decía mi abuela, vivir para ver.
Hoy se ha publicado el borrador del Plan General de Pesca de Aragón para el año 2014 y lo deja bien claro. El artículo 6 establece medida mínima (25 cm) para las truchas pescadas en los ibones de Sen, Bagüeña, Grande de Batisielles y embalse de Llauset. Hasta este año, y desde hace varios, venían siendo de captura y suelta. El de Bagüeña además, hasta hace 2012, vanía siendo vedado a causa de las atrocidades cometidas por ciertos furtivos del lugar. Ahora son esos furtivos, a través de su sociedad de pescadores y ésta a través de la Federación, los que han decidido, con el beneplácito del Gobierno de Aragón, que se puedan matar truchas en estos lugares. Un gran paso atrás que hace cernirse una alargada sombra sobre estos preciosos rincones del Pirineo y sobre sus truchas.
Pero no es el único paso atrás. El el plan general del 2012 ya se dio un paso atrás en lo que a la conservación del barbo se refiere. Y es que mientras en 2011 se declaró la obligatoriedad de devolver con vida todos los ejemplares de barbo de Graells y de barbo culiroyo, en 2012 y de nuevo a propuesta de la federación, se pasó a permitir el sacrificio de 3 ejemplares de barbo de Graells por pescador y día en determinados tramos de la provincia de Huesca en los que se supone que convive con la trucha. Como supondréis ésto no cambió para este año ni parece que vaya a cambiar para el que viene. Será porque piensan que la mayor agresión hacia las truchas las cometen los barbos. En fin, como decía mi abuela, vivir para ver.
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sábado, 17 de agosto de 2013
Mundo anfibio
En mi última entrada os contaba cómo los piscardos han acabado con uno de mis paraísos (cuando de pescar truchas se trata) Soy consciente de que ésta es una visión totalmente sesgada u subjetiva. Porque en ese ibón tan alienígenas son los piscardos como las truchas. Si los piscardos han acabado (al menos eso parece) con las truchas, éstas acabaron con numerosas especies autóctonas cuando fueron introducidas en estos ambientes.
Unos días después de visitar el "paraíso perdido" mi afán exploratorio me llevó al ibón que podéis ver en la imagen superior. Salta a la vista que la belleza del enclave bien valía el esfuerzo que lleva subir hasta aquí. Eso sí, desgraciadamente ni una sola trucha movía sus aletas en estas aguas. Desgraciadamente para mí, que subí con la intención de pescar alguna de ellas, pero afortunadamente para la fauna autóctona. Y es que el ibón hervía de vida, de vida anfibia. Los tritones pirenaicos (Calotriton asper) eran los reyes de este lago donde tambíén se podían ver pequeñas ranas bermejas (Rana temporaria) y unos grandes renacuajos negros que no he podido clasificar (se agradece cualquier aportación)
Ésta es la fauna natural de los humedales elevados del Pirineo. Una fauna en peligro por muchos factores, uno de ellos la introducción de la trucha en su hábitat. Por eso, aunque no pescase, esta vez volví a casa contento de no haber visto ni un solo pez.
Unos días después de visitar el "paraíso perdido" mi afán exploratorio me llevó al ibón que podéis ver en la imagen superior. Salta a la vista que la belleza del enclave bien valía el esfuerzo que lleva subir hasta aquí. Eso sí, desgraciadamente ni una sola trucha movía sus aletas en estas aguas. Desgraciadamente para mí, que subí con la intención de pescar alguna de ellas, pero afortunadamente para la fauna autóctona. Y es que el ibón hervía de vida, de vida anfibia. Los tritones pirenaicos (Calotriton asper) eran los reyes de este lago donde tambíén se podían ver pequeñas ranas bermejas (Rana temporaria) y unos grandes renacuajos negros que no he podido clasificar (se agradece cualquier aportación)
Ésta es la fauna natural de los humedales elevados del Pirineo. Una fauna en peligro por muchos factores, uno de ellos la introducción de la trucha en su hábitat. Por eso, aunque no pescase, esta vez volví a casa contento de no haber visto ni un solo pez.
Saludos y buena pesca
martes, 13 de agosto de 2013
Paraíso perdido
En mi última salida lo que perseguí fue a las preciosas pintonas que pueblan las gélidas aguas de los ibones del precioso Valle de Benasque. Los que me seguís asiduamente sabéis que en este rincón del Pirineo se desarrolla la totalidad de mis jornadas tras las truchas. Esta vez volvía a un ibón que no visitaba desde hace ya unos años, cuando subía acompañado de mi padre. En aquellos tiempos cada una de nuestras incursiones a este lago acababa con alguna captura, nunca hicimos bolo aquí. Por eso quizá, junto a la particular belleza cautivadora del ibón me hizo decidirme para enseñárselo a Laura.
Llegamos allí a la hora justa, en el preciso instante en el que los rayos del sol empezaban a acariciar la superficie del ibón. Se veían numerosas cebas a lo largo de toda la orilla y al aproximarme a ella pude comprobar que un considerable número de pequeñas truchas poblaban las aguas someras. Gran noticia. Ni en sus mejores tiempos se podían ver tantos juveniles que garantizarán el futuro de la población truchera de este rincón. Por supuesto no había ido a por esos pezqueñines, así que empecé a explorar las orillas repitiendo el ritual que siempre desarrollo en estos escenarios.
Conforme avanzaba la mañana y donde debería haber encontrado truchas adultas sólo encontraba juveniles empecé a fijarme en estos. Fue entonces cuando me percaté de que no se trataba de pequeñas truchas, sino de otros peces sin aleta adiposa y con una banda longitudinal, más oscura, en cada uno de los flancos. Mostraban una gran voracidad: cuando posaba mi mosca acudían muchos de ellos a por ella, mordisqueándola de inmediato, pero su pequeño tamaño impedía que llegaran a tomarla entera. Al fin pude hacerme con uno de ellos en el pequeño regato que entra en el ibón, donde decenas de ellos se afanaban por remontar la escasa corriente.
Así comprobé que los cientos de pececillos que ahora poblaban el ibón donde no quedaba rastro de truchas tenían una vistosa y colorida librea, además de presentar tubérculos nupciales en la cabeza, indicando que se encuentran en plena freza. Una rápida búsqueda en internet, ya de vuelta en casa, me confirma mis sospechas: se trata de piscardos (Phoxinus bigerri) una especie de la que había oido hablar pero que nunca había llegado a observar. Al parecer se trata de una especie autóctona en la cuenca del Ebro, pero su uso como cebo vivo (por supuesto totalmente prohibido) ha provocado una importante dispersión más allá de su área de distribución natural.
Desde luego en este ibón no estaba presente hace unos años, lo que me hace pensar que ha llegado aquí traído por algún furtivo, ya sea como cebo propiamente o para ampliar la dieta de las truchas, posibilitando que se críen mayores ejemplares. Pero también he leído que la gran voracidad del piscardo (que como digo pude comprobar al ver cómo atacaban mi mosca) hace que pueda ser nocivo para las truchas ya que se alimentan de los huevos de éstas.
Este ibón dispone de una cuenca vertiente extremadamente reducida, y los aportes de agua llegan por el pequeño riachuelo al que he aludido antes. Esto provoca que la capacidad de reproducción de la población de trucha sea bastante limitada lo que, unido a la depredación de los huevos por los piscardos y la más que segura pesca furtiva, ha conducido a la aparente (y casi segura) desaparición total de las truchas de este lugar. Un lugar al que consideraba un paraíso y que ha desaparecido para siempre.
Llegamos allí a la hora justa, en el preciso instante en el que los rayos del sol empezaban a acariciar la superficie del ibón. Se veían numerosas cebas a lo largo de toda la orilla y al aproximarme a ella pude comprobar que un considerable número de pequeñas truchas poblaban las aguas someras. Gran noticia. Ni en sus mejores tiempos se podían ver tantos juveniles que garantizarán el futuro de la población truchera de este rincón. Por supuesto no había ido a por esos pezqueñines, así que empecé a explorar las orillas repitiendo el ritual que siempre desarrollo en estos escenarios.
Conforme avanzaba la mañana y donde debería haber encontrado truchas adultas sólo encontraba juveniles empecé a fijarme en estos. Fue entonces cuando me percaté de que no se trataba de pequeñas truchas, sino de otros peces sin aleta adiposa y con una banda longitudinal, más oscura, en cada uno de los flancos. Mostraban una gran voracidad: cuando posaba mi mosca acudían muchos de ellos a por ella, mordisqueándola de inmediato, pero su pequeño tamaño impedía que llegaran a tomarla entera. Al fin pude hacerme con uno de ellos en el pequeño regato que entra en el ibón, donde decenas de ellos se afanaban por remontar la escasa corriente.
Así comprobé que los cientos de pececillos que ahora poblaban el ibón donde no quedaba rastro de truchas tenían una vistosa y colorida librea, además de presentar tubérculos nupciales en la cabeza, indicando que se encuentran en plena freza. Una rápida búsqueda en internet, ya de vuelta en casa, me confirma mis sospechas: se trata de piscardos (Phoxinus bigerri) una especie de la que había oido hablar pero que nunca había llegado a observar. Al parecer se trata de una especie autóctona en la cuenca del Ebro, pero su uso como cebo vivo (por supuesto totalmente prohibido) ha provocado una importante dispersión más allá de su área de distribución natural.
Desde luego en este ibón no estaba presente hace unos años, lo que me hace pensar que ha llegado aquí traído por algún furtivo, ya sea como cebo propiamente o para ampliar la dieta de las truchas, posibilitando que se críen mayores ejemplares. Pero también he leído que la gran voracidad del piscardo (que como digo pude comprobar al ver cómo atacaban mi mosca) hace que pueda ser nocivo para las truchas ya que se alimentan de los huevos de éstas.
Este ibón dispone de una cuenca vertiente extremadamente reducida, y los aportes de agua llegan por el pequeño riachuelo al que he aludido antes. Esto provoca que la capacidad de reproducción de la población de trucha sea bastante limitada lo que, unido a la depredación de los huevos por los piscardos y la más que segura pesca furtiva, ha conducido a la aparente (y casi segura) desaparición total de las truchas de este lugar. Un lugar al que consideraba un paraíso y que ha desaparecido para siempre.
Saludos y buena pesca
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miércoles, 17 de abril de 2013
Acerca de la introducción de especies
Algo típico de mi mente es el hacer de abogado del diablo continuamente conmigo mismo. Todas las opiniones que conforman mi esquema de pensamiento deben pasar la prueba de ser contrastadas en mi interior.
Por supuesto mi oposición a la introducción a la introducción de especies exóticas, alóctonas o como las queramos llamar, no iba a ser menos. Mi razonamiento de partida es el siguiente: si una especie no es autóctona de una región, es antinatural y puede provocar un grave deterioro en la misma si la introducimos, por lo cual considero que si queremos cuidar la naturaleza debemos abstenernos de ir introduciendo especies alóctonas.
Pero, ¿no podría este acto de dispersar otras especies ser algo totalmente natural? Esta duda me surgió leyendo un blog cuya lectura os recomiendo a los que amáis la naturaleza y la miráis con ojos curiosos: El grumete del Beagle En su última entrada relataba cómo las rapaces pueden diseminar semillas a través de las palomas que cazan y en otra anterior apuntaba que ciertos patos podrían ser la causa de la presencia de Artemia salina en algunas lagunas de Aragón Supongo que nadie dirá que estas introducciones no son totalmente naturales. ¿Por qué entonces no lo son las introducciones que realizamos nosotros? ¿Qué diferencia hay entre esas especies y el ser humano?
La respuesta es fácil. En primer lugar los seres humanos somos conscientes de las consecuencias que tiene para los ecosistemas la introducción de esas especies alóctonas (o deberíamos serlo). Y en segundo lugar, no parece lógico catalogar como naturales (a pesar de ser producidos por un animal como somos nosotros) los medios que usamos para conseguir transportar las especies de unos lugares a otros: camiones, barcos, aviones, etc. Es cierto que en algunas ocasiones podemos transportarlas sin ser conscientes que lo estamos haciendo, como ocurre con la plaga del mejillón cebra en la cuenca del Ebro, por lo que hemos de ser cuidadosos y tomar las debidas precauciones.
Resumiendo: hay que evitar en lo posible la dispersión de especies exóticas, ¡NO SEAMOS ANIMALES!
Por supuesto mi oposición a la introducción a la introducción de especies exóticas, alóctonas o como las queramos llamar, no iba a ser menos. Mi razonamiento de partida es el siguiente: si una especie no es autóctona de una región, es antinatural y puede provocar un grave deterioro en la misma si la introducimos, por lo cual considero que si queremos cuidar la naturaleza debemos abstenernos de ir introduciendo especies alóctonas.
Pero, ¿no podría este acto de dispersar otras especies ser algo totalmente natural? Esta duda me surgió leyendo un blog cuya lectura os recomiendo a los que amáis la naturaleza y la miráis con ojos curiosos: El grumete del Beagle En su última entrada relataba cómo las rapaces pueden diseminar semillas a través de las palomas que cazan y en otra anterior apuntaba que ciertos patos podrían ser la causa de la presencia de Artemia salina en algunas lagunas de Aragón Supongo que nadie dirá que estas introducciones no son totalmente naturales. ¿Por qué entonces no lo son las introducciones que realizamos nosotros? ¿Qué diferencia hay entre esas especies y el ser humano?
La respuesta es fácil. En primer lugar los seres humanos somos conscientes de las consecuencias que tiene para los ecosistemas la introducción de esas especies alóctonas (o deberíamos serlo). Y en segundo lugar, no parece lógico catalogar como naturales (a pesar de ser producidos por un animal como somos nosotros) los medios que usamos para conseguir transportar las especies de unos lugares a otros: camiones, barcos, aviones, etc. Es cierto que en algunas ocasiones podemos transportarlas sin ser conscientes que lo estamos haciendo, como ocurre con la plaga del mejillón cebra en la cuenca del Ebro, por lo que hemos de ser cuidadosos y tomar las debidas precauciones.
Resumiendo: hay que evitar en lo posible la dispersión de especies exóticas, ¡NO SEAMOS ANIMALES!
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miércoles, 27 de marzo de 2013
El calvario del río Gállego, mártir de la mala gestión del agua
En estos días de "pasión" quiero compartir un artículo que ha publicado SEO/BirdLife sobre el calvario que vive el río Gállego. Es un río al que siempre estaré unido, ya que es en el que pesqué mi primer barbo a mosca. Y se me cae el alma a los pies al ver todo lo que ha sufrido y está planeado que vaya a sufrir en el futuro. Si con todo lo que sufre tiene unos rincones tan bellos como los que disfruto en mis salidas de pesca, no me quiero imaginar lo precioso y vivo que estaría si fuera libre.
Aquí va el enlace: http://www.seo.org/2013/03/27/el-calvario-del-rio-gallego-martir-de-la-mala-la-gestion-del-agua/
Aquí va el enlace: http://www.seo.org/2013/03/27/el-calvario-del-rio-gallego-martir-de-la-mala-la-gestion-del-agua/
sábado, 1 de diciembre de 2012
Hoy estoy egoísta
Sé que llevo bastante tiempo sin publicar, pero dado el tiempo que estamos teniendo últimamente y lo ocupado que he estado, no he tenido tiempo para ir a pescar y, por lo tanto, poco tenía que contar.
Pero últimamente hay algo que no para de rondarme la cabeza. Una noticia que me hace tener cierto miedo. Miedo a que los lugares en los que me convertí en el pescador que ahora soy queden para siempre vedados para la pesca. Al parecer el Gobierno de Aragón tiene la intención de elevar la categoría del Parque Natural Posets-Maladeta a Parque Nacional (podéis ver dos noticias al respecto aquí y aquí)
Sin duda es una estupenda noticia de cara a la conservación de esta zona, de una belleza y un grado de conservación medioambiental increíbles. Pero que, por contra, llena mi corazón de abatimiento. Dentro del marco legal actual la pesca es del todo incompatible con la figura de Parque Nacional. Por eso me vienen a la memoria todas aquellas jornadas de mi juventud que compartí con mi padre en los ibones entre aquellas altas cumbres creciendo como pescador. O las más recientes junto a Laura en esos mismos parajes unos años después (las más recientes podéis verlas aquí y aquí)
Para qué negarlo. La noticia no me acaba de gustar porque este cambio en la figura de protección del parque significaría para mí el fin de la pesca en alta montaña e ibones. Si la he podido practicar hasta ahora es gracias a que mi familia tiene un apartamento en Benasque desde que yo no era más que un crío. El Parque Nacional me obligaría a desplazarme kilómetros y kilómetros a otros valles, gastando un dinero del que no dispongo para combustible y alojamiento si quiero volver a disfrutar de este tipo de pesca.
Por otro lado, la pesca suponía sin duda la principal razón que me animaba a subir aquellas laderas, luchando contra el agotamiento, hasta los ibones que duermen en las faldas de las cumbres más altas. Sin ese aliciente me imagino que la llamada hacia las alturas será menor, igual que mi disfrute de estos maravillosos rincones.
Hoy me siento egoísta. Estoy deseando que la propuesta/proyecto no prospere. Sólo así podré volver a pescar las truchas de mi más tierna juventud.
Pero últimamente hay algo que no para de rondarme la cabeza. Una noticia que me hace tener cierto miedo. Miedo a que los lugares en los que me convertí en el pescador que ahora soy queden para siempre vedados para la pesca. Al parecer el Gobierno de Aragón tiene la intención de elevar la categoría del Parque Natural Posets-Maladeta a Parque Nacional (podéis ver dos noticias al respecto aquí y aquí)
Sin duda es una estupenda noticia de cara a la conservación de esta zona, de una belleza y un grado de conservación medioambiental increíbles. Pero que, por contra, llena mi corazón de abatimiento. Dentro del marco legal actual la pesca es del todo incompatible con la figura de Parque Nacional. Por eso me vienen a la memoria todas aquellas jornadas de mi juventud que compartí con mi padre en los ibones entre aquellas altas cumbres creciendo como pescador. O las más recientes junto a Laura en esos mismos parajes unos años después (las más recientes podéis verlas aquí y aquí)
Para qué negarlo. La noticia no me acaba de gustar porque este cambio en la figura de protección del parque significaría para mí el fin de la pesca en alta montaña e ibones. Si la he podido practicar hasta ahora es gracias a que mi familia tiene un apartamento en Benasque desde que yo no era más que un crío. El Parque Nacional me obligaría a desplazarme kilómetros y kilómetros a otros valles, gastando un dinero del que no dispongo para combustible y alojamiento si quiero volver a disfrutar de este tipo de pesca.
Por otro lado, la pesca suponía sin duda la principal razón que me animaba a subir aquellas laderas, luchando contra el agotamiento, hasta los ibones que duermen en las faldas de las cumbres más altas. Sin ese aliciente me imagino que la llamada hacia las alturas será menor, igual que mi disfrute de estos maravillosos rincones.
Hoy me siento egoísta. Estoy deseando que la propuesta/proyecto no prospere. Sólo así podré volver a pescar las truchas de mi más tierna juventud.
Saludos y ¡buena pesca!
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